Los alumnos que en junio de 2012 finalizaron sus estudios de Bachillerato se despidieron del instituto en sencillo y emotivo acto celebrado en el Aula Cultural 'Alfonso de la Torre'. Sirva esta reseña como merecido homenaje al esfuerzo realizado para obtener el Título de Bachillerato. Que la suerte y la salud os acompañen.

Una de las alumnas, en nombre de todos, leyó el siguiente texto como recuerdo a los años pasados con nosotros:

El día de la graduación es el pretexto perfecto para recordar momentos y peripecias vividos a lo largo de estos seis años.

Recuerdo como si de ayer se tratara, el primer día de clase. Como, desorientados, llenos de vergüenza, pero eso sí, con muchas ganas de conocer a gente nueva, comenzábamos nuestro primer día de clase; con los libros forrados, cuadernos y bolígrafos nuevos. Pero sobre todo, con la incertidumbre de cómo serán nuestros nuevos compañeros. Compañeros que a lo largo de estos rápidos seis años se han ido uniendo, o por desgracia, no han llegado a este último curso. Hemos pasado de ser simples conocidos a grandes amigos, a formar grupos de amigos en los que si alguna persona tenía un problema, todos los demás daban lo que en su mano estuviera para poder ayudar. Como en todas las familias, ha habido nuestros más y nuestros menos. Y siempre, o casi siempre, hemos intentado dejar de lado nuestras diferencias y crear buen ambiente entre todos.

El viaje de fin de curso a Italia fue una experiencia única en la que, si ya eran grandes los lazos de amistad que había entre nosotros, en Italia se hicieron más fuertes. Y, ni un DNI perdido ni una pintada en El Coliseo, nos van a hacer olvidar todos los momentos que hemos compartido allí (los señores botones que nos perseguían por todo el hotel, los desayunos a los que no bajábamos porque estábamos durmiendo después de las noches que nos pegábamos, el limonchello, las visitas a los monumentos, el cumpleaños de Cristina, los botellones de las habitaciones).

Otro de los miedos que teníamos el primer día de clase eran los profesores. Ahora podemos agradecerles a todos y a cada uno de ellos no haber supuesto para nosotros miedo alguno, sino una ayuda que nos ha hecho crecer como personas. Profesores como Maxi y Paco (de matemáticas), Abel y Sonsoles (de lengua), Pio (de naturales), Julia (de educación física), Mari Carmen (de inglés), Pompeyo y Ana (de música), Amado y Teresa (de plástica), Coral (de física y química), Juan Antonio y Raquel (de historia), y todos los profesores que hemos tenido este año (Ángel, Eduardo, Marina, Ramón, Covadonga, Mariví, Alejandro, Ricardo, Juan Carlos, Juan, Elvira, Alfonso, Estela, Ludi, Tomás, Roberto, Emiliano, Cubero y Cesar). De todos ellos no solo hemos aprendido cómo se analiza una oración, o cómo se resuelven las ecuaciones. Sino que hemos aprendido a entender nuestra vida como una novela en la que cada uno es el autor de su propia obra, y en la que tenemos que resolver las ecuaciones que se nos cruzan y así afrontar nuestros problemas. Además, personalmente, aprendí que si a un niño que está cruzando un río, le dicen que se va a caer, al final se cae; sin embargo, si se le dice que puede hacerlo, que es capaz de cruzar el río con esfuerzo, consigue cruzarle.

También hemos de agradecer a nuestros padres que hayan aguantado nuestro mal humor en épocas de exámenes. Pero bueno, ya nos echarán de menos el año que viene cuando no haya nadie que les de guerra. Y ya les echaremos de menos nosotros cuando se nos acabe la comida que nos hayan metido en los tapers.

Hoy, para los más afortunados ya graduados, y para los que la suerte no nos ha acompañado en esta última recta (y esperemos nos acompañe en septiembre),  es el último día que vamos a estar todos nosotros juntos, pues a partir del curso que viene, la mayoría de nosotros nos separaremos para seguir nuestro camino por separado. Cada uno tiene su camino y su dicha, cada uno tiene que elegir libremente en qué quiere ocupar el resto de su vida, pues la elección que tomemos en escasos cinco meses, va a influir mucho en cada uno de nosotros. Terminaremos de formarnos y convertirnos en personas adultas y responsables fuera de casa, lejos (en muchos casos) de todo lo que nos ha rodeado y nos ha visto crecer día a día.

Por todo ello, habrá que brindar por todos los años que hemos compartido en el instituto y solo queda por decir que la noche es joven y habrá que disfrutarla.